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Abril 2026

Turismo de bienestar: una oportunidad en construcción en el Perú

Casi un 25 % de los turistas extranjeros que visitaron el Perú realizó actividades vinculadas al bienestar
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Por años, el turismo fue visto como una actividad asociada al entretenimiento; hoy en día, sin embargo, comienza a definirse como una herramienta para mejorar la calidad de vida. En ese tránsito, el turismo de bienestar emerge como uno de los segmentos más dinámicos a nivel mundial dada la demanda por experiencias transformadoras y estilos de vida más conscientes.

De hecho, en el 2024, este segmento generó más de 850 600 millones de dólares en todo el mundo y se prevé que supere los 2.1 billones para el 2030.

Más allá de su dimensión económica, el crecimiento del turismo de bienestar en los últimos años revela un cambio estructural: los viajeros ya no buscan solo destinos, sino también equilibrio físico, mental y emocional durante sus travesías.

En ese escenario, el Perú posee una ventaja singular. La combinación de naturaleza, cultura viva y tradiciones ancestrales permite al país posicionarse como un destino de bienestar con identidad propia, capaz de articular experiencias que van desde el termalismo andino hasta la espiritualidad amazónica.

El turista extranjero, un viajero con propósito

Si bien el país apenas empieza a adoptar prácticas de bienestar, su atractivo para viajeros de todas partes del mundo es notable. Tal es así que, en el 2024, casi un 25 % de los turistas extranjeros que visitaron el Perú realizó actividades vinculadas al bienestar.

Este viajero tiene un perfil de características claras. En promedio, tiene 37 años, es de un alto nivel educativo (el 43 % son universitarios), no tiene hijos (73 %), gasta $1977 durante su travesía y permanece quince noches en el Perú. Un 55 % adquiere un paquete turístico y un 49 % compra al menos un servicio por internet.

Llegan a nuestro país sobre todo desde Estados Unidos (28 %), aunque el mercado latinoamericano tiene una fuerte presencia conjunta: Brasil (5 %), Chile (4 %), Argentina (4 %) y Colombia (4 %).

Su motivación por visitar el Perú no es solo conocer el país, sino experimentarlo a través de actividades que potencien su tranquilidad y plenitud. Así, tenemos que la mayoría de viajeros de bienestar visita aguas termales (63 %), hace tratamientos y técnicas de spa (34 %), realiza rituales con ayahuasca (9 %) y sesiones de yoga o meditación (6 %).

En este punto, el Perú logra diferenciarse, pues mientras destinos como Cusco integran de forma natural el bienestar con la cultura y la espiritualidad, otros como Lima se posicionan como espacios urbanos orientados a experiencias de gastronomía saludable.

Esta combinación permite atender tanto al turista de bienestar primario —aquel que viaja motivado de manera exclusiva por dicho propósito— como al secundario, que lo incorpora dentro de una travesía más amplia.

El vacacionista peruano, un viajero más práctico

A nivel interno, el turismo de bienestar adopta una visión distinta. Predominan los niveles socioeconómicos B y C, con fuerte presencia de personas con educación superior y casadas. A diferencia del turista extranjero, el 86 % de vacacionistas peruanos organiza el viaje por cuenta propia, el 37 % visita destinos en familia y el 29 % tiene como alojamiento preferido la casa de un amigo.

En promedio, sus viajes son más cortos (cinco noches) y gastan S/695, lo que dibuja todas las oportunidades que el turismo de bienestar tiene en el mercado nacional. En especial si se toma en cuenta que la actividad más practicada es la visita a aguas termales (95 %), casi catorce veces más que la segunda: spa (7 %).

Fuera de las actividades, lo que define a este vacacionista es su motivación. Lo que busca es desconectarse, reducir el estrés, compartir con su entorno cercano y, en muchos casos, reconectar con el país desde una perspectiva más personal. El bienestar, en este contexto, no es un lujo, sino una forma accesible de transformación.

Destinos con potencial: entre la consolidación y la oportunidad

El mapa del turismo de bienestar en el Perú revela un escenario dual: destinos consolidados que lideran la oferta y territorios emergentes con alto potencial de desarrollo, en especial entre los turistas extranjeros.

Por un lado, Cusco y Arequipa concentran una alta llegada de turistas y una significativa práctica de actividades de bienestar. Para aprovechar la demanda, estas ciudades pueden reforzar la promoción y consolidar la oferta de termalismo, yoga, spa y experiencias que se combinen con la naturaleza.

Por otro lado, regiones como Cajamarca, Ucayali y Pasco exhiben una dinámica diferente: reciben menos turistas, pero presentan una alta proporción de viajeros que hacen turismo de bienestar. Esto sugiere una oportunidad clara, sobre todo si se logra articular la oferta con elementos diferenciales como la biodiversidad amazónica o las tradiciones locales.

Existen también casos intermedios, como Lima y Puno, donde la llegada de turistas es alta, pero la práctica de bienestar es todavía limitada. En estos destinos, el desafío no es atraer más visitantes, sino integrar experiencias de tranquilidad y plenitud dentro de actividades actuales, a través de propuestas como spas urbanos o retiros cortos.

Un segmento en construcción

El turismo de bienestar en el Perú aún no es un segmento consolidado, pero sí uno en plena expansión. Su desarrollo no dependerá únicamente del crecimiento de la demanda, sino de la capacidad del sector para estructurar una oferta que garantice calidad, seguridad y sobre todo autenticidad.

La buena noticia es que el Perú dispone de una oferta amplia, que va desde el bienestar costero en el norte hasta experiencias de reconexión en la Amazonía y prácticas espirituales en los Andes. La clave está en articular estos espacios bajo una narrativa diferenciada.

En un contexto mundial donde el bienestar se ha convertido en una prioridad, el país tiene la oportunidad de posicionarse no solo como un destino turístico, sino también como un espacio de transformación. Porque, en última instancia, el valor del viaje ya no se mide solo en los lugares visitados, se mide en lo que cambia en quienes lo experimentan.

Fuente: Fuente: Turismo de bienestar – PROMPERÚ (febrero 2026)

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